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Mostrando entradas de marzo, 2005

Mis amigos los cactus

Cuando me pongo a escribir frente al ordenador y no se qué poner, pierdo la mirada en la pared y aparecen mis cactus. Antes había tres, pero uno murió. Sé que es difícil que muera un cactus pero éste un día se licuó y despareció.
De ellos sólo hay uno que crece, su tronco se alarga como si fuera un junco de plastilina y sus espinas no son aún secas y punzantes sino verdes y tiernas. Le llamaré Tina, de plastilina.
Mi otro cactus es como una mandarina, verde y dura, con gajos a medio formar en su corteza. Es el típico cactus que siempre aparece con una flor pero donde debería de estar sólo hay un ligero cambio de color, donde el verde es más pálido. Le llamaré Manri.
Viven en una maceta para bonsais, verde oscuro, rectangular, con los cantos hacia dentro. Y encima de la tierra tienen cristales transparentes y alguno de color.
Esta maceta está encima de la mesa donde tengo el ordenador, a la izquierda del monitor, en una esquina. Son mi primera mirada, cuando no se a donde mirar.

El león y la caverna

Pues sí, a una se le va la olla y, a veces, se va por el universo de paseo. En uno de estos viajes me vi en el fondo de una caverna, en pequeñito, y entre yo y la Eva que estaba en el fondo de la caverna había un león colgado del techo, mirándome.
Y pensé, buf, pobre león, no sabe que está al revés y piensa que ver mi reflejo en el fondo es algo.

Y antes de ponerme a pensar en el mito de la caverna, en uno de esos travellings maravillosos vi tras de mí a un león más grande colgado del revés. Así que el león de detrás me miraba a mí que miraba al reflejo del león que miraba mi reflejo. ¡No podía ser! Así que volví a mirar tras el león que había tras de mí y había una Eva más grande que yo detrás de él.
Y no seguí mirando porque por muchas Evas y leones que hubiera detrás o delante, la Eva que pensaba era la que veía dos por delante e imaginaba infinitos por detrás, y no iba a dar a esas Evas que no eran yo mucha importancia.
Y entonces sí que me puse a citar y dije eso de "Pienso, lue…

El universo en una horquilla

Yo no tomo drogas y apenas bebo, pero mi cabeza no acaba de darse cuenta de estos hechos. Solo dos o tres veces al mes, voy a recibir masajes, a que me den flores de Bach, y a cuidarme un poco cuidándome los demás.
En estas que imaginé que en el universo había un alambre y en una mitad del alambre había planetas engarzados y que el universo se doblaba por la mitad como en una horquilla de moño y se creaba un campo de fuerzas entre los planetas engarzados y la otra punta del metal y que esa fuerza expandía el universo hasta el infinito.

La teoría de la aspirina

Hay quien anda siempre sintiéndose culpable por los sentimientos que inspira en otras personas* pero yo creo que hay personas que son como aspirinas, que estar un rato con ellas es como tomar una aspirina y que una aspirina no debe sentirse culpable porque sus usuarios no sepan dosificarse.
Esto es como cuando íbamos al colegio y nos decían que una mujer que era infiel al marido que estaba de viaje estaba con su amante cerca de un parque en el que había un asesino peligroso; que el marido llamó y le pidió que fuera a buscarla al aeropuerto. Ella le dijo que no estaba en casa y que hasta coger el coche pasaba por un lugar por donde andaba un asesino peligroso y el marido dijo que necesitaba que le fuera a buscar. Ella fue a buscar su coche y el asesino la mató.
El profesor nos preguntaba entonces que quién era el culpable del crimen y todos respondíamos de todo menos que el culpable era el asesino.
Pues lo mismo, la aspirina no es culpable de ser aspirina.



*No miro a nadie, Raquel.