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Febrero

Desde la última vez que escribí, mi operación pasó de enero a finales de febrero, casi marzo. La gastroscopia mostró una úlcera pequeña pero en mal sitio y tengo que esperar a que se cure. Llevo quince días con omeprazol que no acaba de sentarme bien, pero que espero que cumpla su función. Por otro lado no tomo antiinflamatorios y, al principio, lo pasé fatal pero ahora ya no tengo tantos dolores. No sé, cuando vuelva a trabajar, cómo estaré.
Cuando empezaron las vacaciones pensé que se me iban a hacer largas y ya estoy deseando que duraran algo más. Tengo ganas de hacer cosas pero tengo que posponerlas y priorizar lo que toca. Tengo pilas de ropa acumuladas por todos lados, no las guardo porque tendría que empezar a tirarla puesto que si no la uso ahora y en un año no me valdrá no tiene sentido guardarla. Pero así mi casa parece una parada de mercadillo desordenada.
Luego tengo las discusiones en bucle de siempre. Cada vez que me viene alguien explicando que otra persona es tóxica me encrespo, porque sólo escucho que esa persona pasa de enfrentarse con la realidad y se va a encerrar en una burbuja. Pienso que yo también lo he hecho pero que al menos sabía que muy sano no era y que el que sea una actitud de moda no lo convierte en bueno.
Ahora pues estoy harta de escuchar lo que me cambiará la vida estando más delgada y yo pienso que no cambiará tanto. Estaré más ágil, más sana no porque ya estoy sana. Podré hacer más actividades si tengo ganas, pero casi lo único que me apetece es coger la bici que mi hermano tiene aparcada en mi casa, meterla en el coche e ir por la playa cuando no haga mucho calor. Ahora podría pero me da miedo romperla.
Me cuentan que si ahora ligaré más, y casi me entra la risa. Yo no he querido nunca "ligar" y las pocas historias que he tenido me han pillado como un alud no las he buscado yo. No digo que no pueda volver a pasar, pero ahora mismo sería hasta logísticamente complicado salvo que alguien a quien yo quisiera y que me quisiera se adaptara a estar conmigo dos mañanas entre semana, una tarde y algún rato de fin de semana y siempre sabiendo que en cualquier momento he de salir a urgencias por mis padres o mi hermano y que esa persona asumiera que no iba a ser una prioridad en mi vida. Creo que eso no depende de estar más gorda o más delgada, en cualquier caso no me someto a una operación para ligar más sino para envejecer mejor. Cada vez que oigo eso pienso en que estas personas se creen mis amigos y no me conocen en absoluto, que me hablan de que eso es quererse más y pienso pues no sé, porque yo ya me quiero y lo sé porque pensar en mí me hace sentir cariño y amor pero que hacer lo que todo el mundo hace porque hay que hacerlo porque eso "es quererse" pues eso no me produce más que incomodidad y contrasentido. Algo muy contrario a quererse, para mí. Estoy cansada de que me digan también que soy demasiado inteligente, es como un "cállate que me resulta incómodo que me hagas sentir equivocado" cuando es lo que están intentando hacer que yo me sienta.
Quiero ir a ver a José Luis, a ver si me organizo, o si no, tendré que ir después de marzo. Me cuesta mucho verle así, deprimido, alcoholizado, porque es como mi futuro reflejo. Me cuesta ver a su mujer esperando a que vaya a verlo cuando hace quince años sólo sentía celos de mí pese a que yo nunca tuve nada con él. Me cuesta hasta llamarlo y que estemos dos horas al teléfono interrumpidas siempre por mi familia que me reclaman para algo urgente tal y como reiniciar el router o restaurar el orden de los mandos de la tele o cambiar la tinta de la impresora.
El 31 me olvidé de que tenía que traer a la hermana de Richard de la residencia, ya no sé ni la de años que Richard murió, ni de que le prometí ayudar a sus sobrinos y cuidar de ellos. Yo ya les dije que eso iba a consistir en estar disponible para ellos si me pedían algo que eran mayores de edad y sólo me piden hacer de taxi con su madre y voy y me olvido. Suerte que en cinco minutos estaba vestida y que en cinco estaba en su casa, pero me olvidé. Ahora no se me olvidará traerla, estos años he aprendido a poner su silla en el maletero, a tranquilizarla para que consiga entrar en el coche, a buscar algo bueno en las dos miradas rápidas que puedo echarle y este año en parar de camino en una farmacia y comprar a su sobrina medicamentos para bajar la fiebre, para ayudar a la bronquitis, etc. Creo que Richard hubiera querido otra cosa pero hacía años que él no vivía en la realidad. Un día he de quedar con Miguel a solas y que me explique cómo fue dejarle cuando estaba tan mal y cómo fue no volver cuando se estaba muriendo. Creo que hace demasiados años que evito esta conversación, conozco a Miguel desde hace más de treinta años y sé lo mal que lo ha pasado y siempre con buena cara y una frase amable. Pero, sobre todo, algo que yo pueda comprender. Un detalle insignificante pero que es lo que más aprecio de una persona: el entender que yo necesito entender las cosas para aceptarlas, sean como sean.
Uno de los momentos más bonitos que recuerdo con ellos fue una noche que, medio borrachos, me empezó a derivar fórmulas en una servilleta de un bar y me dijo que él sabía que nadie me había enseñado a hacerlo por los profesores que tuve en el instituto y que fue una pena que por algo que era relativamente sencillo dejara la UPC. También recuerdo una madrugada que estábamos también bebidos en la estación de Sants y vino alguien árabe a hablar conmigo y me dijo anda habla con él un rato pero sólo para que yo vea que sabes hablar francés y que al menos valió la pena una ingeniera menos. Creo que nunca me he esforzado como esa noche en hablar bien hasta que el chico se fue por lo raro de la situación.
Años y años me los he pasado haciendo borrón y cuenta nueva cada vez que se cerraba una etapa, para poder sobrevivir, para que los recuerdos se diluyeran en el olvido. Ahora, al volver a trabajar en adultos, he tenido que abrir mis cajas de Pandora y salen de mí recuerdos extraños, que igual tienen 30 años y están como nuevos y los recuerdos más nuevos están en nuevas cajas cerradas provisionalmente.
Ahora no bebo, llevo una vida sana, estoy casi siempre tranquila y serena, y sé que soy más feliz que hace quince años, pero pocas veces me siento igual de viva que entonces. Quizás porque vivir así duele y ya no siento más dolor que el de las articulaciones.
Ahora ya no soy una ingeniera menos. Ahora tengo solo una amiga, que está llena de problemas pero que también busca explicaciones para mí. Y, al menos, no me dice que cuando esté más delgada seré la más guapa del grupo o la más "sexy" o la más lo que sea, que si ya no me dejan en paz ahora que qué pasará en un tiempo, porque piensan que el que no me importe ahora es porque no me quiero cuando es más bien por lo contrario. Aunque tampoco tengo que descartar que tengan razón, y que me vayan a importar cosas que nunca me importaron. Total, siempre acabo haciendo todo lo que siempre dije que nunca haría...


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