31 octubre, 2005

Sthendal


Estaba trasteando y encontré la cámara de fotos por ahí; lo mío con las fotos es una historia de amor y odio. Las hago, pero no suelo hacer a personas, así que las hago para mí porque nadie quiere ver luego una colección de imágenes con piedras, con musgo, plantas y cualquier cosa que me llame la atención... Así que acabé comprándome una cámara digital.
Este verano, en el proceso de intentar poner un poco de orden en mí misma, decidí irme sola en un tour por los Pirineos. Ilusa de mí, pensé que iría sola y no con un grupo de padres y compañeros adoptivos de los que era difícil escapar. Una de las pocas ocasiones en que me escapé fue en un parque natural y allí entre plantas y piedras me fui rezagando del grupo hasta quedarme sola. En un momento del camino fantasmeaba con que uno de mi abuelos había estado muy cerca, en Broto, que otra abuela nació en Siresa, que seguramente también mis antepasados habrían paseado por allí, y en un récodo del camino la contemplación de tanta belleza me hizo llorar.
Y, mientras, me vino a la cabeza el anuncio de Audi y pensé que igual eso era como el síndrome de Sthendal, y me dije que un día lo miraría. E hice fotos, como la de arriba, que salieron regular.
El anuncio dice que Sthendal "repentinamente sintió una extraña angustia acompañada de vértigos. Recurrió a un médico que, tras tomarle el pulso y mirarle los globos blancos de los ojos, le dijo que padecía una sobredosis de belleza".
En Sopa de ganso, encuentro que podemos definir el Síndrome de Stendhal como "la situación anímica que se produce al observar obras de belleza impresionante, fundamentalmente en un corto espacio de tiempo y acumuladas en una ciudad" y que afecta a personas que "Suelen ser turistas de mediana edad, en mayor proporción mujeres, que viajan solas, procedentes de ciudades tranquilas, de vida ordenada, monótona y sin grandes estímulos artísticos, que "después de visitas sucesivas a bellos recintos arquitectónicos, repletos de pinturas y esculturas, son víctimas de un estado de ánimo que se manifiesta en un cuadro clínico con variantes en cada caso, pero que generalmente se presenta con angustia, confusión, excitación, temblor, palpitaciones en el corazón, sudoración, zumbido de oído; todo de aparición súbita y con un evidente sustrato vegetativo".
Yo no tengo estímulos montañiles en Barcelona, ni de ríos de aguas cristalinas, ni de aire puro, ni de olor a gloria, me acerco a la mediana edad (aunque no lo parezco, pero sí), soy mujer, sola, en una ciudad tranquila, mi vida debería ser ordenada, monótona y mi cuadro clínico fue romper en llanto pero BUF.

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