23 marzo, 2006

el funeral

Al final, el dolor de todos lados se juntaba y nos absorbía a todos. A la vez, estaba esa familia a la que sólo ves en bodas y entierros, y que siempre te llaman "maña" y te dicen que estás muy guapa.
Me dio miedo cómo se van haciendo mayores mis tíos y mis "familiares". Una señora confundió a mi hermano con mi padre, y le preguntaba por mí, y le decía que si yo era su hija y mi hermano no entendía nada, y me preguntaba a mí si él era mi padre, hasta que al rato alguien le dijo que mi padre estaba en otro lado. Otra señora iba diciendo a mis primos, desolados, abatidos, cansados, destrozados, que tenían que estar contentos y que no podían tener pena por su padre, pero no les decía porqué, y al final le pregunté que porqué no iban a tener pena y se quedó callada.
Yo no reconocí a esa prima "Pilar" que venía de Zaragoza y le dije que era un nombre muy normal y me dijo que ella era la única prima "Pilar" que yo tengo, así que ya sé algo más. Le iba a decir que nos dábamos un aire, pero la vi tan maquillada que pensé que igual no se lo tomaba bien, sin contar con que igual debe tener unos diez años más que yo y vendría luego lo de tú no tienes arrugas, ni canas y la edad que ya tienes; y porqué no te buscas un novio y te pones a tener hijos que se te va a pasar el arroz, etc. etc.
Vamos, que nos unía lo que nos tenía que unir: lo mucho y lo bien que todos queríamos a mi tío.

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