21 septiembre, 2006

Uno de mis libros preferidos es Memorial del convento de Saramago. La verdad es que desde que el inefable Basilio Losada no traduce al Nóbel pues sus libros han perdido mucho. Los que fuimos alumnos del galego pudimos leer las obras en español adivinando qué comentarios jocosos no había escrito Saramago en portugués.
Aunque ni el mejor de los traductores habría podido expresar qué eran las "vontades" que Blimunda iba recogiendo de los agonizantes, para don Basilio fueron las "voluntades" pero "las ganas de vivir" y "el alma" se quedaron en las vontades del original.
Y esto porque hoy me quejé a mi gurú de que tengo todo lo que hace un año quería tener pero que ahora quiero mucho más y que no me siento bien porque es como no apreciar lo que ya tengo. Y Anna, que de vez en cuando me deja a cuadros, me dijo que la energía de querer cosas es lo que nos mueve en la vida y que el querer "conformarnos" con conseguir lo que vamos queriendo no es más que un freno que nos ponemos para no avanzar.
Y es que cuando alguien quiere algo y le pone dos mil "peros" me parece que está poniendo moscas a su luz, pero cuando lo hago yo no me doy cuenta y apago solita mi "vontade" y me resigno y me convenzo de que tengo ya mucho y, al final, es como si Blimunda hubiera pasado con una botellita y se hubiera llevado parte de mí para viajar en globo.
Por cierto, si no habéis leído Memorial del convento, ¿a qué esperáis?
Y si este post parece "rallante" o "rayante" creo que hay que le ganan.

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