01 agosto, 2011

Sin

Me llamo Eva y soy celiaca. Los hechos lo corroboran, desde que no tomo gluten, mis uñas no se quiebran, mi pelo no se cae, no tengo urticarias ni erupciones, no me siento incapaz de hacer cualquier cosa y mi humor ha mejorado muchísimo.
Cuesta decir adiós a los restaurantes, no comprar nada que no lleve la etiquetita de la FACE o un "sin gluten", claro que eso no implica una alimentación 100% sana, a no ser que incluyamos en ella a la nutella y a las patatas fritas, de las que intento no abusar, pero que no tienen gluten.
Aún no me acostumbro a las harinas sin gluten, salvo a la de maíz, y si me quedo sin arroz, ahora es un drama. Ya no quedo a cenar ni a comer, salvo que sea en un Viena o un Burguer Hearth, pero sentirse bien compensa con creces.
Que te lo detecten a los 42 tiene delito, tengo que dar las gracias a Patricia que, como celiaca, me insistió y me dirigió en el proceso. Cambié de alergóloga y me tocó una chica andaluza que seguía los protocolos de allí y me hizo hacer la prueba genética que salió positiva, a partir de allí fue más fácil. El estomatólogo decía que no llegaba a celiaquía pero que dejara el gluten igual por si acaso, los alergólogos que pasara del estomatólogo y el de cabecera opina que tener mi velocidad de sedimentación en límites normales, cuando siempre ha estado cuatro o cinco veces más alta ya era bastante indicativo y que fuera gluten... Pero lo mejor es verme capaz de enfrentarme a cualquier cosa.
Cuando cogí la baja, mucha gente no lo entendió, pero no me sentía capaz de ir a trabajar, de dar clases, de hacer un trabajo que no me gusta, de levantarme por la mañana, de nada. Si me decían que era depresión pues depresión, cualquier definición valía, en realidad mi cuerpo no estaba asimilando nutrientes, fabricaba líquido a raudales para combatir lo que veía como un veneno, y se estaba ralentizando a marchas forzadas.
Yo sólo "no me veía capaz", cosa que es mala de explicar, porque te dicen pero si no te pasa nada no vas a trabajar porque no quieres, pero yo hubiera querido querer o pensar que podía porque soy de las que cuando está bien hace más horas que un reloj. Ahora aguanto horas fuera de casa, mis articulaciones tienen la flexibilidad que hacía mucho que no tenían, si estoy vaga puedo vestirme y desvestirme estirada en la cama y poco a poco estoy mejor.
Estoy montando una empresa, aún no está todo listo ni hemos firmado papeles pero está ya todo en marcha. Mi cabeza no sólo es capaz de volver a trabajar sino que también ha podido encontrar la manera de intentar buscar otro trabajo para usar imaginación y recursos acumulados. Estoy contenta. Estoy feliz. Sin pastillas, sin gluten...

3 comentarios:

La Casa Sin dijo...

Olé tú. Dí que sí.

Además allí tienes muchos sitios para comer y muchas cosas ricas para comprar (puedo pasarte muchas direcciones) y un pan sin gluten que hace el Forn Ricardera que quita el sentido, nena. ;)

Al principio a todos nos cuesta asimilar los nuevos abores y las texturas pero después, pasado un tiempo, no recuerdas sabores diferentes a los que tomas; te parece que todo ha sabido así desde siempre y cada vez está todo más bueno. Pasa lo mismo que las primeras veces que uno prueba la leche de soja, al ser algo a lo que no estamos acostumbrados, cuesta.

Me alegra saber que estás mejor, más animada, con más fuerza y que tu cuerpo y tu salud van mejorando. ¿Lo bueno de comer sin gluten? Que realmente podemos comer DE TODO y riquísimo ¿Lo malo? Que ya te puedes ir acostumbrando a cocinar porque nada como la cocina casera ;)

Amparo dijo...

Pues me alegro mucho de que por fin sepas qué te pasa. Además, lo de ser celíaca hoy es como ser diseñadora en los 80 ¡es lo ¡más!
Besotes

Eva dijo...

Si me has comparado con una diseñadora en los 80 y no te odio, no sé si llegaré a hacerlo nunca.