27 enero, 2012

Geranio & apandadora SL

Me siento una apandadora, una apandadora afónica porque sueno ronca, pero una apandadora. Por la mañana me visto de algodón con casi lo primero que pillo limpio, aunque suelo comprar todo conjuntado entre sí para no tener que sentirme demasiado disfrazada, no me maquillo, no uso cremas, casi ni me peino (mi peluquera se merece el cielo por conseguir un corte que no necesite peine) y salgo hacia el colegio.
Me paso la semana ideando maneras de cambiar de trabajo, no paro de oir sobre la suerte de ser funcionaria, de tener un trabajo estable, de acabar a las cuatro, etc. y yo me siento una apandadora porque me paso la vida queriendo escapar de este mundo laboral y no lo consigo. Y este año estoy bien, salvo que me quedo sin voz, la otorrino me dice que me paso la vida en tensión, que el trabajo no ayuda, que fuerzo la voz, que los nervios me dan acidez y que tendría que cambiar de trabajo. El otro día me dijo, empezaste dando clases de COU de tu especialidad, podías enseñar conocimientos, pasaste a ser mosso en la ESO donde ya podías enseñar poco, pasaste a adultos donde ya se trataba de hacer terapia más que de dar clases y estás ahora con niños en un barrio bien marginal donde sólo puedes hacer que haces. Me dice que la vida habla así y que me está diciendo que busque yo mi trabajo por otro lado.
Pero yo miro a la vida, la escucho, la repaso y yo en ella me siento una planta, un geranio concretamente. Nunca me han gustado los geranios, lo mío son las amapolas, las rosas, pero yo me veo como un geranio, soy resistente, salvo cuando entra el mosquito del geranio y me han de curar con una baja, hago siempre buena cara, sobrevivo sin cuidados muy especiales y, cuando tengo un buen hábitat, me pongo divina de la muerte lenta (frase que se lee como lo decía Richard cuando aún lo veía).
Luego me siento geranio porque yo creo que la vida sólo tiene sentido si eres un geranio y dejas esquejes por algún lado, pero tengo 43 años y no tengo el cuerpo para partos ni gestaciones, así que pienso pues adopto, pero luego digo, sola, claro, y luego pienso pero le niegas a un niño al que se le han negado ya padres, pues un padre, y luego digo ¿y qué?, y luego pienso ¿y si no soy un geranio? pero luego siento que sí lo soy, y creo que si voy a ayudar a tomar esquejes pues tengo que hacerlo con responsabilidad, y eso implica buscar un entorno en el que no me sienta una apandadora, porque los apandadores eran hermanos y no planta y esqueje.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me alegra pensar, después de leer esto, que no soy un cactus. Muchas gracias por ayudarme tanto, querida compañera de fatigas. Bueno, ex. Pero como si fuéramos un ex de ex. O sea, compañeras.
Rocío.

Anónimo dijo...

Me parece increíble que esto lo escribiera yo hace más de un año. A estas alturas de todo vuelvo a sentirme cactus y además calabacita. Calabacictus! Espero que el ictus me pille en los 95, así sin dolor.

Gracias por todo, Gerania!!!!! Genara es un nombre, eh! a ver si actualizamos ya q se echa de menos.